Era esta chica un tanto tímida de cualquier vecindario de la ciudad. Chica común en pleno florecer sexual , descubriendo en cada cogida sus propios límites.
Desde experimentar un orgasmo solo de sentir la magia de una boca experimentada entre sus sus tetas, hasta usar una dogeball para coger en piso de un motel, con su vestido de noche. Cogidas van cogidas venían. Desde un “ven ayúdame estoy acá en el baño” para ir a descubrirle que se encontraba desnuda dispuesta a agradecer corporalmente la pintada de la casa de sus padres. Hasta ser abierta de piernas en el baño mientras el sobrino de su pareja jugaba en la planta superior de la casa con su amiguito que invito a pasar la tarde.
Poco a poco avanzaba descubriendo, pero había una constante en su performance y este era que cada que se aproximaba su orgasmo, le pedía a su pareja que se detuviera. Por las cosas raras para ella que sentía, por temor a lo desconocido. Siempre invariablemente fuera la circunstancia siempre terminada deteniendo las acciones en ese momento cúspide
Una buena tarde de fin de semana, la ventana de la oportunidad se abrió cuando perpetuaban un delicioso y exquisito 69, mientras ella rosaba sus mejillas enrojecidas como duraznos en las venas grotescas de la verga que le encantaba degustar con su tibia lengua. Mientras su coño era abierto por una lengua y sus piernas y nalgas fuertemente sujetadas. Gozaba y gemía apenas podía mantener su labor en esa gorda y larga verga que se paseaba por su cara y boca como un rey por su palacio. La sacaba cuando no podía seguir chupando del placer que encontraba en el trabajo que le hacían entre sus muslos. Entonces su pareja vio y encontró ahí la oportunidad. Paso su brazo junto a sus costillas enredándolo por la parte de afuera de su vientre y enlazándola por la espalda y haciendo lo propio con el otro brazo. Cerrando la pinza con las piernas que cruzo para poner la parte posterior de sus talones en la nuca de tan bella damisela.

Ella no entendia y tan pronto sintió eso intento liberar el enganche, sin éxito. Los gritos se intensificaban, la respiración era cada vez mas notable, el cuerpo de ella que buscaba encontrar una salida para tan intensas sensaciones lo intentaba con piernas y brazos pero el era más fuerte. Y al contrario con cada movimiento y gramo de fuerza aplicado para liberarse de la pinza, más se daba cuenta lo atrapada que estaba y como la labor bucal emprendida en su coño se intensificaba con su lucha en vano para librarse. Con el brazo derecho él paso su mano hacia sus nalgas y envolviendo su nalga derecha con su brazo logro alcanzar su clítoris con el dedo índice. Sin detener su labor con la lengua. Usaba ese dedo para tallar y tallar esa fina sección corporal que tanta influencia tiene en las mujeres. Seguramente sintiendo la verga caliente entre sus tetas y con el glande casi en el ombligo y su inminente falta de control ella no encontró más que soltarse. Gritando como puta embravecida vino su orgasmo, uno tan intenso que no lo podía creer. Saliendo un chorro a presión logro tener su eyaculación femenina, Llenando el cuello y pecho de él con tremendo squirt.
Esta vez no hubo ninguna detención a su amante. Él se incorporó haciendo sus piernas a un lado, ella con cara de puta cobrada y con una sonrisa irrepetible lo vio a los ojos agradecida, sorprendida, extasiada. El la tomo la cintura la puso boca abajo autoritariamente, seguramente no podía hacer mucho físicamente y algo sorprendida también por la pérdida del control sexual que había cedido desde ese entonces sabia las cosas cambiarían. El acomodo sus nalgas y sujeto su falo desde la base, apunto su glande entre los muslos y mordiendo ligeramente su oído le ensarto la verga para empezar a devorarla sexualmente. Sin sabero siquiera su coño ya había sido preparado para seguir eyaculando, esta vez eyaculando con todo el coño ocupado por venas carne y cabeza todo bien metido al fondo de ella, así continuo la tarde un par de minutos, gritos y orgasmos más. Ambos están seguros que esa cama y justo ahí ella cambió liberando su sexualidad, dándose cuenta de cuantos orgasmos chorreantes había perdido, por detener. Desde entonces y en cada ocasión que cogieron ella se vino ella mojo camas y pisos a voluntad de su amante ella ejerció esa libertad, cediendo el control.